INDIA


“Para una Misionera de Nuestra Señora del Pilar, no ha de haber fronteras, ha de tener un corazón Universal, ha de irradiar a Cristo”


Desde Khammam -India, La hna. Luisa Peralta nos cuenta su experiencia en el hogar de niñasdeBonakal, así seguimos conociendo nuestras presencias en los distintos lugares, por aquello de que solo se ama lo que se conoce.

En año 2016 del mes de Junio comenzó esta linda experiencia de voluntaria en el hogar de niñas, llamado ShanthiNilayam, que significa en telegu Casa de Paz; y está ubicado a 40 kilómetros de Khammam, en un pueblo llamado Bonakal.

Desde el principio me gusto el lugar, el contacto con las niñas, la acogida de las hermanas y de los doctores, que hicieron que esta Misión cada día se fortaleciera más. Aunque sentía un poco de temor llegar a la estación de bus (Bus station) y preguntar por el bus que iba a Bonakal, por no saber el Ingles ni el telugú. Pero me aprendí de memoria el decir: Bus to Bonakal, así que me acercaba al bus y le preguntaba al chófer y el chófer me movía la cabeza. No estaba segura si era un Sí o era un No. Poco a poco fui aprendiendo lo que significaba el meneo de cabeza. Desde la salida de la estación de buses, anotaba en un cuaderno los nombres de todos los pueblos que pasábamos hasta las gasolineras y alguna casa bonita que me llamaba la atención la apuntaba. Así estaría segura que no pasaría de largo. Mi seguridad fue creciendo cuando fui descubriendo el cariño y la generosidad de las personas, preocupadas por mí, me indicaban cuándo debía bajarme, también el chofer me llamaba cuando llegaba 5 minutos tarde, cuando el bus iba saliendo de la estación, ahí me di cuenta que ya era un poco conocida por la gente. Los gestos, el saludo, una sonrisa de la gente fue fortaleciendo cada vez más este voluntariado. Pienso que para realizar esta misión hay que tener vocación para todo, y en especial en éste trabajo con las niñas del hogar. Cada una es un mundo, cada una tiene su particularidad que la hace diferente. Hay unas violentas y otras muy pasivas, pero todas cariñosas esperando un gesto, un apretón de manos, una caricia en la cara, una que le limpies los mocos y la saliva o aquellas que esperan que las lleves al baño porque se hicieron del 1 y del 2.

Doy gracias a Dios, a la Congregación, a la comunidad de Naidupeta, y al Sr. Obispo Paul Maipan, por poner la confianza en mi persona y dejar que realice esta hermosa misión en Boinakal. Gracias a las niñas que hacen que mi vida tenga un profundo sentido de ver la realidad y no olvidarme que en este mundo hay mucha gente que sufre y que necesita de Dios. Son tantas experiencias vividas que todas no se pueden nombrar. Pero mi trabajo es realizar masajes a las niñas que son discapacitadas y que están postrados en cama. Lo primero es el baño y luego su masaje. Después el ayudar con la comida y lavarlas. Hasta que llega el momento de rezar hora intermedia y de comer junto con la comunidad de las hermanas, cada vez más me integro como una más a la mesa para compartir el pan. Un momento de fraternidad.

Este año estoy realizando la experiencia junto a dos brothers (hermanos) del seminario. Ellos se integran los sábados después de comer y regresamos a Khammam por la tarde. Pero antes de comenzar la actividad nos vamos a la Capilla y rezamos para que Dios bendiga este nuevo encuentro. Es un día muy agotador, pero a la vez felices porque las niñas, las postulantes, novicias y religiosas disfrutan de la tarde de recreación, en especial el celebrar nuevamente mi cumpleaños con las niñas. Luego la despedida y las gracias por toda la atención recibida y hasta el próximo día.