MADRE ESPERANZA VITALES OTÍN

MI FAMILIA

“Mis padres se llamaban Melchor y Casilda. Fui la tercera de cuatro hermanas. Se llamaban: Eustaquia, Visitación y María. Con nosotros vivía el abuelo Salvador, padre de mi madre y la abuela Antolina, madre de mi padre.Mi padre y toda su familla eran de un pueblo vecino: Sariñena. Eran todos muy cristianos. El abuelo nos llevaba a misa con él. También mi padre cada domingo iba a misa, era de la Cofradía del Rosario. Todos los domingos, antes de la misa primera, salían por las calles cantando el rosario. Los abuelos y mis padres eran labradores. El verano lo pasábamos en la aldea para realizar las tareas del campo. Allí teníamos una caseta, los corrales para el ganado y pajares. Desde niña yo ayudaba lo que podía en estas tareas del campo”


Infancia

La infancia de Esperanza transcurre en un clima cristiano. Es en la familia donde aprende las primeras oraciones y conoce los acontecimientos cristianos que serían después los pilares de su vida. “A los seis años me pasaba muchos ratos pensando en los pasajes que mi madre me contaba. Me gustaba mucho pensar en la Encarnación y en la Visitación de María a Santa Isabel; me detenía mucho en eso de que la Virgen iba presurosa a ver a su prima. Entendía que las obras buenas había que hacerlas enseguida”. Desde que tuvo uso de razón quiso ser religiosa, para ser toda de Dios. Buscaba glorificar a Dios y unida a Jesús salvar a los hombres. “Desde siempre, antes de ir a la escuela me tenía por hija de Dios... más que de mis padres”... Cuando fue a la escuela comenzó su preparación para la Primera Comunión. Después sería ella quien diera el catecismo en la Parroquia.

Juventud

El fervor religioso que manifestaba Esperanza produjo en sus padres cierta preocupación y decidieron enviarla a servir a Zaragoza para que fuera una “chica normal”, como ellos decían, a la edad de 15 años. Su padre la llevó a las religiosas de María Inmaculada con el fin de prepararla para trabajar en el servicio doméstico. “Esta salida me costó un poco, más que nada por dejar a mi madre pero me fui contenta”. A los dos meses la colocaron con dos señoras en la calle S. Jorge, nº 7 - 2º, con ellas hablaba de Dios y compartían sus inquietudes. Los domingos por la tarde seguía en contacto con las religiosas de María Inmaculada y allí conoció a las Franciscanas Misioneras de María que se hospedaban en el Servicio Doméstico. “Yo quería escoger una Congregación donde se sufriera mucho por Dios y por las almas; por esto me llamó la atención esta Congregación”. A los 16 años decide ingresar como religiosa en las Franciscanas Misioneras de María de Pamplona. Decisión que en principio no es bien acogida por sus padres, aunque después esta actitud cambió y fue su mismo padre quién le acompañó a Pamplona. Al llegar y ver cómo era la vida religiosa, todo le gustó, pero lo encontró excesivamente fácil. Echaba de menos más tiempo de oración. La maestra le dio permiso para levantarse por la noche a orar. Terminado el postulantado tomó el hábito y el noviciado lo hizo muy contenta.

En el segundo año de noviciado es destinada a Madrid, Esperanza cae enferma. La llevan a Pamplona. La enfermedad persistía. La gravedad era extrema. Tres meses antes de profesar coge el tifus y con mucho dolor la enviaron a casa. Una vez en casa se recupera rápidamente y pronto puede hacer vida ordinaria. Mantiene correspondencia con las religiosas y con su confesor, D. Teodosio Aoíz, Secretario Canciller del Sr. Arzobispo de Pamplona. Una vez restablecida vuelve con las religiosas a Pamplona donde comienza de nuevo el postulantado. Vuelve a enfermar, la envían a casa y al poco se puso bien. “Después de pasar algún tiempo en casa, el confesor que había tenido en Pamplona (me seguía escribiendo) me manifestó, que tal vez Dios me quería en la vida religiosa contemplativa por tener tanta vida de oración. Quiso que conviviera con las religiosas de la Visitación de San Francisco de Sales de Pamplona. Solamente llevaba como un mes, me puse enferma. El confesor, de acuerdo con las religiosas me enviaron a casa.D. Teodosio Aoiz, me dijo que me estuviera en casa hasta que Dios me manifestase su voluntad”. Mientras esto ocurría, ella seguía haciendo lo que era su vida: orar y trabajar. Se traslada a casa de su hermana Eustaquia. “En casa de mi hermana Eustaquia y de su esposo, allí empecé mi vida apostólica... instruía a las jóvenes que acudían a casa... la finalidad era acercarles más a Dios... Se leía el Evangelio, a mi modo se les comentaba, se rezaba el Rosario, se les daba buenos consejos, los que creía ante Dios... Tenía un grupo de chicas muy majas... En los ratos libres, enseñaba el catecismo en la parroquia y visitaba a los enfermos”...

Fundación

Contexto Histórico

El 18 de julio de 1936 estalla la guerra. Durante este tiempo de violencia Esperanza experimenta la represión, vive de cerca el miedo, el odio, las venganzas en sus convecinos. También experimenta el cariño, la ayuda y protección de algunas personas cercanas que le ayudan, en ellas Esperanza ve la mano amiga de Dios. “Dios me guardó, nadie me hizo ningún mal. En este tiempo de guerra me dediqué más a orar” En este tiempo de guerra, Esperanza sufre de manera indecible. Experimenta con claridad que el hombre, hijo de Dios, sin su gracia, puede llegar a ser peor que un monstruo. Y en este ambiente de violencia siente una llamada especial. “No lo veía todo perdido, al contrario en Dios se puede rehacer todo. Dios me dio la idea de que yo podía hacer algo… y me pidió fundar la Congregación… Misionera y Mariana”

Primeras Señales

La empresa no es fácil y asusta a Esperanza. Sufre una lucha interior y el miedo se apodera de ella. “Mi poca generosidad y el no confiar totalmente en Dios, el miedo a un conjunto de cosas, me hacía no tener ningún deseo de hablar del asunto con nadie... pasé grandes luchas…Sufría por querer hacer lo que Dios quería y en lugar de esperarlo todo de El me quedaba en mi nada” A los pocos meses de tener la idea de fundar, todavía en período de guerra, Esperanza es visitada por Adelina Malo, quien le relata un sueño en el que ve la Fundación de la Congregación y en la que ella también se siente involucrada. Y aunque en un principio Esperanza intenta eludir la idea, esto ilumina su camino en la búsqueda de la voluntad de Dios. La situación de la guerra impide llevar a cabo todo esto. En cuanto puede comienza a dar los primeros pasos. En Lanaja pretende hablar con el párroco y le escribe una carta. “Al día siguiente de entregarle la carta, me llamó diciéndome que era de Dios que no me preocupara y estuviera tranquila..”. El párroco, D. Antonio Torres, le relató cómo, años atrás, ante las dudas y dificultades que tenía en aceptar el cargo de Párroco de Lanaja, un monje le animó a hacerlo: tenía que ayudar a una joven que iba a fundar una Congregación religiosa. Acompañada por el Párroco de Lanaja, Esperanza fue a comunicar al Señor Obispo esta inquietud, segura de que iba a ser rechazada. D. Lino Rodrigo Ruesca la escuchó en presencia de su confesor el P. Monreal, superior de los jesuítas. “Después de decirlo todo, me dijo el Sr. Obispo: "empiece, a ver lo que hace”. En este momento recibí una fuerza sobrenatural. Creo que fue fuerza de Dios. Nada se me puso por delante... “ A partir de este momento, aunque vivían cada una en su casa, Adelina y Esperanza comienzan a trabajar juntas en labores parroquiales y promoción de la mujer. “Pasábamos algún rato juntas…hablábamos de Dios… Algunas de las jóvenes que antes venían a trabajar conmigo, venían ahora a la casa parroquial donde les enseñábamos bordado, corte y confección y les hablábamos de Dios.”

Historia De La Congregación

En Lanaja, en casa Cavero, se inician los primeros pasos de la Congregación “Misioneras de Ntra. Sra. del Pilar”. En 1940 se abre una comunidad en Alcubierre. Y en 1944, a instancias del Sr. Obispo la comunidad de Alcubierre se trasladó a Huesca. En 1946 se constituyó en Pía Unión. “Abrimos una casa en Alcubierre cerca de Lanaja... Más tarde el Sr. Obispo me dijo que nos convenía venir a Huesca para que nos conocieran más, y para la mejor formación de las que entraran; tuvimos que cerrar Alcubierre. Por un tiempo se hospedan en casa de las hermanas Redondo. Al fin encuentran un piso del pasaje Avellanas... “Todo era puro amor de Dios, nos llevaba más hacia El... Para entonces ya había alguna hermana más en la comunidad. Además del apostolado, que ya realizaban en Lanaja, comenzaron a trabajar en la clínica del Dr. Cardús. “Vestíamos de negro y muy largo y para ir a Misa con velo tupido y mantilla.”

Primeras Comunidades

Hasta el 27 de julio de 1962 en que la Pía unión fue constituida en Congregación de derecho diocesano, el número de Hermanas había aumentado hasta 153, en 13 comunidades extendidas por Aragón, Navarra y La Rioja. La respuesta de las religiosas era generosa. La gente de los pueblos las acogía muy bien. Y Dios les iba ayudando. Esperanza emitió sus votos perpetuos el 2 de agosto de 1962 en manos del Sr. Obispo D. Lino Rodrigo Ruesca. En este acto recibió el Nombramiento de Superiora General de la Congregación. “Cuando la Iglesia nos constituyó como congregación religiosa de derecho diocesano, sentí mucho agradecimiento a Dios y a la Iglesia. Siempre me había considerado hija de la Iglesia, quería vivir como tal...”

LA CONGREGACIÓN SE VA EXTENDIENDO MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS DE NUESTRO PAÍS.

  • En 1964 se establece en Roma una comunidad ocupándose de la asistencia de enfermos.
  • En 1965 abren otra casa en Olorón de Santa María en Francia, regentando una residencia de ancianos.
  • En 1966 parte para América el primer grupo de hermanas con destino a Chile. Se harían cargo de unas escuelas y también de trabajo pastoral en Yumbel (Concepción).
  • Posteriormente y en años sucesivos la Congregación va fundando nuevas casas en los siguientes países: Perú, Honduras, Salvador y la India

El hecho fundacional. Carisma.

-Germen de comunidad-

El día 29 de octubre de 1939, festividad de Cristo Rey, con el beneplácito del Obispo, D. Lino, comienzan Esperanza, Adelina y Francisca a vivir en comunidad. “Escogimos el día de Cristo Rey porque queríamos que Cristo reinase en los corazones de los hombres y en todos los rincones de la tierra... A los pocos días quedamos dos, pues la familia de Francisca, se la llevó. No por eso decayeron nuestros ánimos.” Las dificultades y contrariedades no eran pocas, pero se afrontaban con alegría. Ellas las vivían como si de un sello de Dios se tratara. “Esto nos animaba mucho… Vivíamos contentas, gozosas y felices, porque nuestro único deseo era ser Cristo... Nuestra preocupación era que todos los hombres conocieran y amaran a Dios.” A partir de este momento su vida interior cobra nueva dimensión. Se ve adherida a la obra salvadora de Cristo hasta identificarse con El. “Mi compromiso, mis relaciones con el mundo, con todos los hombres, ya no podían ser otras que las que había adquirido el VERBO al Encarnarse y habitar entre nosotros... Yo tenía que desaparecer y tenía que aparecer en mí Cristo. Yo tenía que trasparentarlo hasta el detalle... mi vida había de ser Cristo.” Este ser Cristo se concretaba en una actitud de confianza y abandono en Dios Padre, que alimentaban con la oración y les empujaba a estar atentas y dispuestas ante las necesidades de la gente. Compartían esta experiencia de Dios y decidían juntas qué servicios realizar en el pueblo.

“Lo esperábamos todo de Él… Nunca nos faltó lo indispensable para la vida y aún sobraba para ayudar a la gente pobre"

Tarjetas

Toda de Dios… Sólo de Dios… Siempre de Dios.

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Cada segundo de mi existencia, es un don que recibo de mi Dios… es su amor, su ternura su misma vida que me da… Dios mío, quiero utilizar todo mi ser, en amarte, en adorarte constantemente y hacer que te conozcan y amen todos los hombres de la tierra… Esta es mi única tarea… Tú, Dios mío, me has creado por amor y por el bautismo he sido consagrada a Ti, me diste el don del Espíritu Santo, haciéndome hija tuya, hija de Dios… Soy de Dios…! Solo tuya Dios mío, y no solo esto: Me consagraste en el estado religioso para de modo especial ser Cristo, y ser toda tuya… solo tuya y siempre tuya…!
Mi vivir no ha de ser otra cosa, que una respuesta amorosa a tu amor infinito y eterno… Dios mío, que estás en mi ser, allí, en ese santuario te adore sin dejarte nunca solo y mi vivir sea el himno de alabanza que te cantan en el cielo: Santo… Santo… Santo…!

¡Navidad Dios con Nosotros!

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Dios con nosotros los hombres...! Misterio de ternura indecible...! El Verbo se encarnó, la Palabra que se hace silencio...! Dios hecho Niño solo por amor...! Luz infi­nita que viene del seno del Padre... Sabiduría infinita que nos ha traído claridades de santidad en el secreto del amor…Misterio de vida que los hombres apenas reci­bimos, y, por esto Jesús tembló en la fría soledad de un, establo, buscando entre los hombres calor, consuelo que no encontró... En un pesebre nos canta su amor en pobreza, humildad, anonadamiento…Y, Dios llora… Dios hecho Niño llora en un cántico infinito de amor eterno… El Verbo se encarnó y habita entre nosotros los hombres…….
SILENCIO… SILENCIO... SILENCIO...
ADORACIÓN…! ADORACIÓN...! ADORACIÓN...!

La que ama va de prisa... apresurada... con presteza

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Madre, apenas recibiste el mensaje de la Encarnación de tu Hijo, e Hijo de Dios en tus entrañas, te pones en camino, a toda prisa, a través de los Montes de Judá.
Corriste, Madre, a comunicar y compartir el don y el gozo con Isabel y sus familiares.
Madre, te comprendo...!
No podías vivir sin irradiar a Cristo…
Estabas inquieta..., tenías prisa...
Madre, esta faceta de tu vida me enseña tu vida misionera. Que las cosas del Señor deben hacerse de prisa, sin esperar un segundo, paras llevar a feliz cumplimiento tu voluntad santísima.
Eres portadora de la Buena Nueva, y tan excelentemente predicaste con tu vida y tu palabra la Palabra de Dios, que solamente con tu presencia y tu saludo Isabel se llenó del Espíritu Santo (Lc. 1, 42), y aquella familia, incluso Juan en el seno de Isabel, nada más oír tu voz, exultó de gozo..., se santificó...
Madre, soy tu hija, también soy misionera. Como Tú, quiero tener prisa en llevar a Cristo a todos los hombres de la tierra.
Como Tú, quiero con mi vida y mi contacto infundir a todos el Espíritu de Dios.
Madre, eres la misionera por excelencia: contemplativa y activa. La que tienes prisa por irradiar a Cristo...
Por esto, sólo por esto, vas a Ain-Karín con tan maravilloso carisma...
Yo también, movida por el mismo carisma, quiero, en tu compañía, ser Cristo, e infundir y mantener su Espíritu en todos los hombres de la tierra...
Madre, apresúrate a ayudarme
en medio de las dificultades del camino,
a ser toda de Dios...,
a llevar a todos los hombres
el Espíritu de Dios.

Tránsito

La Madre María Esperanza Vitales Otín falleció en Huesca, en la Casa Madre, el día 24 de mayo de 2005, a los 93 años de edad. Sus funerales se celebraron el día 28 de mayo en la S. I. Catedral de Huesca y sus restos fueron exhumados en la Capilla de la Casa Madre.


De la homilía de D. Jesús Sanz Montes, Obispo de Huesca y de Jaca en la celebración de su funeral: “Madre Esperanza es un trazo de Dios, que es un modo de decir que con ella ha generado una historia y un lugar en los que son reconocibles la huella evangélica de un mundo diferente, de un mundo más parecido a la entraña creadora del mismo Dios. Paradójicamente, en unos años muy difíciles para nuestra patria, tras el final de una guerra civil y el comienzo de una postguerra, en medio de tanto odio y revancha, el Señor se vale de una joven, de una mujer sencilla y dócil, para susurrar otra historia, para poner en marcha otra realidad. No se trataba de maldecir el absurdo de toda guerra que siembra de muerte, sino de bendecir la belleza con la que los hombres podrían vivir y convivir de un modo diferente.

Entre la maldición del absurdo y la bendición de la belleza, estaba M. Esperanza como instrumento de Dios para dar comienzo en su tierra monegrina, en el pueblo natal de Lanaja, la Congregación religiosa de las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar. Con sus 27 años fue la mediación de Dios para contar y cantar una historia diversa, que no hiciera las cuentas con el odio y el resentimiento fraticidas, sino con el amor misericordioso al que Dios nos llama a sus hijos. Dios se vale de los mejores hijos de la Iglesia, los santos, para acercarnos ince­santemente su Palabra y su Presencia. Los santos, como ha dicho el teólogo Hans Urs von Balthasar, son una exégesis viviente del Evangelio, son la mejor interpretación de Jesús con su propia vida. Así la M. Esperanza, con su propia existencia y con el carisma que a través de ella Dios ha regalado a su Iglesia, ha descrito el Evangelio del Señor y ha dado origen a una historia de santidad.”